A propósito del San Remo Music Awards Cuba 2022

Texto y fotos Jorge Méndez Rodríguez–Arencibia, Presidente ejecutivo. Cátedra Cubana de Gastronomía y Turismo
Atesora la Santa Biblia innumerables ejemplos sobre la deseable cotidianeidad para los buenos modos del comportamiento humano. En Génesis 1:3, se expresa: Hágase la luz, y la luz se hizo. Y así los cubanos, con su identitaria devoción hacia la justeza y vocación por la simpatía, dijeron: “Hágase el San Remo”. Quizá no sean suficientes los vilipendios contenidos en algún voluminoso diccionario de la lengua española, o en la infinita riqueza del habla popular de la Isla Grande, para compendiar la totalidad de palabras y expresiones peyorativas, latentes en el sentir de malintencionados escépticos y aguafiestas que antecedieron la celebración en La Habana del tan universal, como prestigioso, certamen musical.

Marco propicio para que las artes se saludaran en público, en su primer día de realización, una bien pensada muestra gastronómica, coherentemente integrada a melodías y bailes de aquí, demostró la lógica equidad con que las musas deben acompañar, tanto a los artífices del comer y el beber, como a los creadores e intérpretes que igualmente nutren lo existencial, con pródigos universos sonoros y atractiva gestualidad.
El sentido de latinidad, puente de analogías psicológicas y culturales entre el Caribe y el Mediterráneo, permitió intercambiar saberes sobre las cocinas cubana e italiana: el cerdo asado, los tostones y los Moros y Cristianos compartieron mesas, gustos y apreciaciones con la pizza Margarita y el risotto. Convencida gestión para lograr el buen hacer y tremenda voluntad para demostrar la credibilidad en la resiliencia, hicieron posible, al decir de nuestro Lezama Lima, “asistir a una fiesta innombrable”.
Cocineros cantando y bailando; o igual, cantantes cocinando y orgullosos de estrenar sus atuendos culinarios, de afuera y de acá, todos en franca comunión de profesiones y espiritualidades, parecían decir a coro: “Y el San Remo, lo hicimos”.
