El invierno que duró un año

Dr. José Rubiera
16 February 2024 7:39am
El invierno que duró un año

Hay personas a las que les agrada el frío, y otras lo aborrecen. Es así que cuando llega nuestro “invierno caribeño” en el cual un frente frío o, mejor dicho, el anticiclón que viene detrás, nos trae aire procedente del norte, con una menor temperatura, unos tiritan y otros se sienten de plácemes.

Bueno, lo anterior ocurre en el trópico, adonde el aire frío llega a veces en lo que llamamos casi jocosamente “invierno”. Pero otra cosa ocurre en las latitudes en que el invierno es realmente invierno, con todo cubierto de nieve, lagos congelados y temperaturas bajo cero por una buena parte de los tres meses en que ocurre esta estación.

Los cambios en las estaciones, más notables en latitudes medias y altas, aunque también se sienten en las zonas subtropicales, a unos cuantos grados de latitud alejados del Ecuador, son cambios cíclicos que se deben no solo al recorrido anual de la Tierra alrededor del Sol en una órbita elíptica, sino que lo que más influye es la inclinación de 23.5º del eje de rotación del planeta con respecto al plano de su órbita.

Por ello, en diferentes épocas del año, los rayos del Sol inciden de manera diferente, ocasionando etapas frías, con menor insolación, y etapas cálidas, con una mayor insolación. Las etapas intermedias son la primavera y el otoño, en que los rayos directos del Sol inciden más uniformemente en áreas cercanas al Ecuador terrestre.

Entonces, ¿cómo es posible tener un invierno que dure un año? Pensamos que cíclicamente en cada año habrá una estación con fuerte incidencia de la luz solar, y que por ello se eleva fuertemente la temperatura, especialmente en el centro de los continentes, donde grandes masas terrestres absorben esa radiación y la emiten como ondas de calor o radiación infrarroja, calentando nuestra atmósfera.

Es posible que un invierno prolongado pueda ocurrir, pero no por esta causa astronómica que es exacta como el mejor reloj, sino como consecuencia de otros factores. Por ejemplo, un efecto de apantallamiento que no deje llegar la luz solar a la superficie de la Tierra. ¿Y qué es lo que pudiera provocar ese gigantesco apantallamiento, necesario para que no llegue la luz ni el calor del Sol? No se lo imaginan, la erupción violenta de un volcán.

Y así ocurrió, en 1816 se registró un “invierno” que duró un año. Y realmente no fue solo un volcán, sino dos. Pero, además, hubo otro factor. Sabemos que la actividad solar fluctúa en un ciclo de 11 años. Pues en 1816 hubo la nefasta combinación de las erupciones volcánicas, más un valor mínimo de la actividad solar, lo que provocó un verdadero cataclismo: una anomalía climática tan grave que hizo que ocurrieran efectos tan graves, que nunca antes se habían producido.

Vista de la caldera del volcán Tambora, ubicado en las islas menores de la Sonda, Indias Orientales Neerlandesas, cuya erupción provocó el también llamado “año sin verano”.
Vista de la caldera del volcán Tambora, ubicado en las islas menores de la Sonda, Indias Orientales Neerlandesas, cuya erupción provocó el también llamado “año sin verano”.

 

Vamos por paso. En 1816 se produjeron importantes erupciones volcánicas, una en el volcán Mayon en Filipinas pero, sobre todo, la más importante, fue la ocurrida en el monte Tambora en Indonesia, que ha sido la erupción volcánica más grande conocida en un período de 1 300 años. Los gases y cenizas del volcán fueron arrojadas a la atmósfera con gran fuerza, llegando hasta alturas en las que los vientos del Oeste, que dan la vuelta, en su circulación, a nuestro planeta, provocaron una gigantesca pantalla que no dejaba pasar la luz del Sol.  Fueron arrojadas a la atmósfera superior millones de toneladas de cenizas volcánicas, polvo y dióxido de azufre. Debido a ello, estas erupciones ocasionaron una disminución de la temperatura mundial de entre 0.4 y -0.7 °C como promedio, lo que provocó que el verano de 1816 fuera el verano más frío registrado en Europa entre 1766 y 2000.

Anomalías de la Temperatura en el verano de 1816 comparándola con los datos climatológicos del período 1971-2000. Fuente de datos: NOAA
Anomalías de la Temperatura en el verano de 1816 comparándola con los datos climatológicos del período 1971-2000. Fuente de datos: NOAA

 

Hay que decir que estos eventos ocurrieron durante los años finales de la llamada Pequeña Edad de Hielo, en la que, periódicamente, se venía produciendo un enfriamiento global desde el siglo XIV.

En el verano de 1816 se heló toda Europa y también nevó, lo que también sucedió en zonas de los Estados Unidos. El cielo se mantuvo gris y la luz del Sol apenas penetraba a veces, pues las capas bajas y medias de la atmósfera estaban llenas de una corriente con cenizas volcánicas. Y, quizás, si algún efecto positivo tuvo, han sido espectaculares atardeceres que han relatado algunos cronistas.

Pero, todo lo demás, más malo no pudo ser, y es apropiado calificar como un resultado completamente negativo para la Humanidad. La falta de luz solar y las bajas temperaturas ocasionaron una tremenda escasez de alimentos en todo el hemisferio norte, pues tras la ruina de las cosechas, vino la peor hambruna que registró el siglo XIX.

Se cuenta que la falta de avena para alimentar a los caballos fue lo que podría haber inspirado al alemán Karl Drais a inventar el velocípedo, antecesor de la bicicleta, pues la escasez de avena y su consiguiente aumento de precio provocaron la necesidad de vehículos que no necesitaran la tracción animal. Sea verdad o no, es algo plausible.

Uno de los dispositivos de Karl Drais de alrededor de 1820 (Kurpfälzisches Museum en Heidelberg, Alemania / Wikipedia)
Uno de los dispositivos de Karl Drais de alrededor de 1820. Foto: Kurpfälzisches Museum en Heidelberg, Alemania / Wikipedia

 

Por otro lado, enfermedades como el tifus golpearon a varios países. Las enfermedades y el hambre, también provocaron migraciones masivas hacia Rusia y América. Se dice que murieron 70 000 personas.

Pero las consecuencias de las erupciones volcánicas y su combinación con la merma en la actividad solar de ese fatídico año de 1816, no se limitaron a Europa. En junio, los residentes de Nueva York fueron testigos de una tormenta de nieve. Las granjas en Nueva Inglaterra, en el nordeste de los Estados Unidos, se helaron. Grandes nevadas se registraron en lugares cercanos al ecuador, como el sur de México y Guatemala. Al año siguiente, 1817, las lluvias torrenciales propiciaron una epidemia de cólera en Bengala, la India, que se extendió por el mundo, matando a millones de personas. El monzón de verano en el subcontinente indio, registró alteraciones durante tres años consecutivos, ocasionando un gran desastre económico.

Como vemos, las grandes alteraciones en el clima mundial pueden ocasionar catastróficas consecuencias. Y lo ocurrido en este año de invierno casi perenne del 1816, que ha sido señalado como año sin verano, o también como año de la pobreza, o el año del verano que nunca fue, ​es un ejemplo elocuente.

Para que no quede demasiado sin contarles, el encierro que significó el agresivo ambiente de ese año 1816, fue también inspiración de varios literatos y de obras que después fueron famosas. Pero ese merita ser el tema de otro comentario.

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