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Cuba y la Quinta de los Molinos del Rey

Rolando Pujol
23 September 2020 6:12pm

Desde su fundación en 1519, La Habana Vieja creció hasta donde el perfil lenticular de sus murallas se lo permitieron y después sus habitantes salieron a conquistar los terrenos de extramuros, construyendo entre los siglos XVIII y XIX, los primeros paseos arbolados, como el Prado, el antiguo Jardín Botánico y junto a la muralla del mar, el Paseo de la Alameda de Paula, que abrieron agradables espacios públicos para la recreación y el ocio de los habaneros de entonces. Y 

Hacia el oeste, la ciudad futura hermoseaba con sus huertas, sus aires limpios y las primeras casas quintas, edificadas por la aristocracia que escapaba así, de la canícula en el verano y de las epidemias, que asolaban con frecuencia a la villa.

Es en esta zona donde cobran preeminencia los Molinos del Rey, pertenecientes a Martín Aróstegui, presidente de la Real Factoría de Tabaco que tributaba sus dividendos directamente al monarca español, de ahí su nombre.

Los dos molinos allí existentes eran utilizados para moler tabaco y producir rapé, muy demandado en Europa. Funcionaron hasta la mitad del siglo XIX, movidos por la fuerza de las aguas de la Zanja Real, primer acueducto con que contó La Habana, que conducía las aguas desde el río Almendares.

Al desaparecer los molinos se fundó en el terreno, el Jardín Botánico, a la par de la construcción de la casa de descanso de los capitanes generales.

El jardín creció con plantas nativas y exóticas traídas de lejanos confines y reservó un área especial para los experimentos del eminente botánico Alvaro Reinoso, con la caña de azúcar, los cuales contribuyeron notablemente al desarrollo de su cultivo en Cuba.

Interiores de la Quinta de los Molinos

Al concluir la Guerra de Independencia, la Quinta de los Molinos fue residencia del Mayor General Máximo Gómez, hasta su fallecimiento en junio de 1905.

Durante años, la Quinta de los Molinos, quedo bajo el cuidado de la Universidad de La Habana.

Declarada Monumento Nacional, la Quinta de los Molinos, es administrada por la Oficina del Historiador de la ciudad, entidad que acometió su total restauración en años recientes.

La Quinta de los Molinos

Ciencia, cultura, historia y recreación se conjugan hoy, en este espacio, uno de los más hermosos de la capital cubana, que te invitamos a visitar.

 

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