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PEQUEÑA GRAN HISTORIA A LAS PUERTAS DE UN PALACIO EN CUBA

Rolando Pujol
19 August 2020 3:13pm

Muy pocos hombres han tenido la capacidad de influir en la vida y la conciencia de tantas personas como lo hizo Eusebio Leal Spengler, a quien conocí en el ya lejano año de 1967, cuando yo tenía 13 años y él andaba por los 25.

Entonces el novel Historiador de la Ciudad de La Habana se encontraba al frente de las obras de restauración del Palacio de los Capitanes Generales, su primer y uno de sus más titánicos emprendimientos en el Centro Histórico de la capital cubana.

Palacio de los Capitanes Generales
Palacio de los Capitanes Generales, primera obra de restauración dirigida por Eusebio Leal Spengler

Allí se le podía encontrar desde el amanecer, caminando con la agilidad de una ardilla, sorteando las lomas de tierra, cruzando como un equilibrista sobre tablones y supervisando cada excavación arqueológica que iba desentrañando enigmas, ocultos por más de cuatro siglos, en los cimientos del emblemático edificio.

Vista del Palacio Capitanes Generales
Otra vista del Palacio de los Capitanes Generales

Yo, intentando pasar inadvertido, me paraba justo a la entrada del Palacio a mirar las obras y furtivamente me iba colando hasta llegar al patio central, para dejar correr la vista y la imaginación, por los amplios portales donde faenaban los constructores.

Durante mucho tiempo, en ese mismo lugar en que solía pararme, estuvo abierto un gran agujero rectangular, ese era el que más me intrigaba. Dejaba ver cómo sobresalían del suelo arcilloso, pedazos de vajillas, cerámicas, vidrios, cráneos y huesos humanos, que formaban una amalgama, junto con otros raros y curiosos objetos.

En una de esas veces en que andaba de correrías por aquellos lares, vi a un joven con espejuelos de grandes armaduras oscuras, examinando las piezas extraídas y colocadas con esmero en una caja de madera por otros dos que laboraban en el hueco, escarbando con brochas y pequeñas cucharas de albañil.

Recuerdo que hubo un momento en que el hombre de los espejuelos levantó los ojos de la caja, me miró e intuyendo que la curiosidad me desbordaba, me hizo señas para que me acercara y con amabilidad, fue respondiendo las preguntas que le hice sobre el fascinante agujero y su contenido.

Me explicó que antes de existir el Palacio de los Capitanes Generales, allí estaba la Parroquial Mayor, que fue demolida después de caerle encima el velamen de un barco, que explotó en la bahía allá por el siglo XVIII.

Al demoler el templo, el lugar que ocupaba, se convirtió en un basurero y la basura de siglos pasados es el tesoro de los arqueólogos e historiadores, para conocer cómo vivían los primeros pobladores de San Cristóbal de La Habana.

Capitanes Generales
Patio interior del Palacio de los Capitanes Generales

Me habló también de la ceiba de El Templete, de los Castillos y de la Plaza de Armas y me invitó a visitar el Museo de la Ciudad, que iba a radicar en el palacio, en cuanto estuviese restaurado.

Ese día, aquel joven, de quien supe después era Eusebio Leal, el Historiador de La Habana, sin saberlo, había despertado en mí la avidez por el conocimiento de la historia, que luego he tratado también de transmitir a mis hijos y que hasta hoy es parte importante de mi vida espiritual y profesional.

De esta manera, el hombre que hizo de la humildad un templo y de La Habana, el consagrado sacerdocio de su vida, fue sembrando amor por la ciudad, por la cultura y el conocimiento en muchas personas que, desde el anonimato, le dedicamos hoy un pensamiento de veneración y gratitud eternas.

Eusebio Leal
Eusebio Leal fue un educador excepcional a través de la oratoria.

 NOTA: Fotos, Rolando Pujol

 

 

 

 

 

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