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En Blanco y Negro: CUBANOS EN ETIOPIA

Rolando Pujol
22 July 2020 8:48pm

Etiopía es hoy un país que trabaja por su prosperidad, pero hace más de 30 años, esa nación del Cuerno Africano se encontraba en guerra con su vecina Somalia. Cuba, a más de 12 mil kilómetros de allí, se involucra en el conflicto en julio de 1977, cuando los etíopes le piden apoyo militar al país caribeño, al verse desbordados por el ataque de sus adversarios.

Luego de dos meses de duros combates en el desierto del Ogaden, los somalíes son derrotados por la ofensiva conjunta de etíopes y cubanos. En previsión de nuevos ataques, los soldados antillanos quedarían custodiando la frontera cerca de Dire Dawa, durante doce años.  

En 1989, tras la firma de los acuerdos de paz en Angola y la incapacidad de Somalia de volver a invadir a Etiopía, Cuba inició la retirada de su contingente militar en África.

Como fotorreportero viajé a Etiopía en agosto de ese año, con un equipo de periodistas, para realizar una serie de trabajos sobre el final de la misión y el retorno de los cubanos.

Más de 20 horas duró el vuelo en un IL-62; llegamos de noche a Addis Abeba, ciudad que nos recibió con un frio intenso, a casi dos mil 500 metros de altura y donde reina el clima de montaña todo el año. Nosotros, vestidos con ropas ligeras, pues salimos de La Habana, donde reinaba el intenso calor del verano.

La primera semana, la pasamos explorando la ciudad, que ofrecía una imagen de contrastante modernidad y decadencia feudal. Deambulábamos como unos bichos raros, por una urbe donde era muy poco frecuente ver extranjeros a pie. Así y todo, las personas nos dispensaban un trato amable en la calle y posaban con mucha dignidad para las cámaras.

Grandes avenidas bordeadas con eucaliptos, escalaban hacia la parte alta, donde se distinguía, por delante del telón de fondo de las montañas, la silueta de los palacios y mausoleos erigidos por Menelik II, quien fundó la ciudad en 1887 y del Emperador Haile Selassie, monarca de Etiopía desde 1930 hasta 1974, cuando fue depuesto por una sublevación popular. Hoy es adorado por el movimiento rastafari, como símbolo de la africanidad.

Avenida Addis Abeba
Avenida Addis Abeba

Las rotondas predominan en Addis Abeba, encontrándose a una distancia relativamente corta unas de otras. Son como islas circulares en medio del entramado de calles, con cuidados jardines y monumentos, alrededor de las cuales giran los vehículos todo el día. En una de estas rotondas, había la delirante cantidad de 36 semáforos, para controlar el tránsito.

Monumentos que recordaban glorias pasadas de la historia de la nación, la única que nunca fue colonizada en África, resaltaban en las plazas y espacios abiertos. Uno de ellos, era una enorme columna con un conjunto escultórico de obreros y campesinos que miraban con orgullo hacia el futuro, con evidentes rasgos asiáticos. "¿Chinos-etíopes?", preguntamos. Riendo el guía nos aclaró que el monumento, era un regalo de los coreanos.

Otro de los curiosos contrastes de aquella gran urbe eran los pastores que caminaban despreocupadamente por las magníficas avenidas, arreando rebaños de cabras, lo cual sería equivalente en La Habana, a pastorear chivos en La Rampa de la calle 23.

Pastores por las calles de Addis Abeba
Pastores por las calles de Addis Abeba

“El Mercato”, era el gigantesco mercado informal de la ciudad. Allí había cientos de comercios apareados unos al lado de los otros, donde en cualquiera de ellos se podían encontrar los objetos más inusitados, venidos de cualquier parte del mundo. Era admirable la cantidad de cosas útiles que se vendían en el lugar, elaboradas por los artesanos de las más variadas profesiones, hechas a muy bajo costo con materiales reciclados, como las gomas de autos.

Mercato de Addis Abeba
Mercato de Addis Abeba

La existencia de una mezquita musulmana frente a una iglesia cristiana copta, donde los creyentes asistían con tranquilidad a los oficios religiosos, fue algo que me llamó la atención en uno de mis recorridos por Addis Abeba. Como supe después, la tolerancia confesional, era resultado de una tradición de paz entre religiones, que ha prevalecido en Etiopía desde los tiempos bíblicos.

Mezquita
Entrada de mezquita musulmana

En la periferia, un abigarrado conglomerado de casitas de “llega y pon”, hechas con cajas de embalaje, pedazos de cinc, cartones y maderos, cerraban el perfil urbano, habitadas por personas muy pobres.

Al desierto del Ogaden llegamos en los primeros días de septiembre, en un avión de carga AN 12, pilotado por una tripulación rusa. Volvimos a la misma sofocante sensación de calor que dejamos en La Habana, en medio del hormigueo incesante de los soldados y oficiales cubanos preparando el armamento y las instalaciones de la unidad para su entrega a los etíopes. Esa noche celebramos el Día Internacional del Periodista compartiendo, la "injera", una gran torta tradicional, con picante y cordero.

En los días posteriores, tomé fotos de todo lo que acontecía en el lugar. Tanques y transportadores blindados, que habían quedado abandonados en medio de los campos de minas, fueron rescatados por los zapadores y puestos a funcionar por los mecánicos. Paralelamente se engalanaba la unidad para el acto de despedida definitiva.

En otra oportunidad, subí a un camión para visitar un pueblo con el nombre malsonante de la “Cochacha”, donde los cubanos distribuyeron buena parte de los víveres que quedaban en los almacenes de la misión a gente muy necesitada. La sequía y la deforestación, han provocado grandes hambrunas durante años, a la población rural etíope.

Cochacha
La Cochacha

Al amanecer del último día en Dire Dawa, me paré frente a la entrada de la unidad, para fotografiar el ambiente del lugar rodeado de tunas bravas.  Me fijé entonces, en el ir y venir continuo de mujeres, que transportaban cargas de leñas en burritos, o sobre sus espaldas. "Esas mujeres pasan mucho trabajo, -me comentó el soldado que custodiaba la posta- ellas caminan como diez kilómetros hasta las mesetas, donde cortan leña para cocinar. A veces las coge la noche y tienen que dormir en el monte."

Mujeres con leña
Mujeres transportando leña

Como a las diez de la mañana se efectuó el acto de despedida, que terminó en un emotivo abrazo colectivo entre los soldados etíopes y cubanos. Siguiendo una tradición, los militares etíopes dieron varias vueltas al trote alrededor de los cubanos.

Al filo del mediodía, partió la caravana de camiones con destino al aeropuerto, donde no pocos de sus ocupantes, experimentaban la emoción de ver por última vez, la tierra a la cual habían dedicado una parte importante de sus vidas.

A ambos lados del camino, en Dire Dawa, se apretaban cientos de pobladores, que agitaban manos, pañuelos y banderitas, gritando al paso de la caravana, “¡Cuba Visha!”, lo que en dialecto local significa ¡Viva Cuba!

Partida
Partida hacia Cuba. Todas las fotos de este reportaje son de su autor, Rolando Pujol durante su estancia en Etiopía en 1989.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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